Una vez matriculadas y equipadas con nuestros modelitos deportivos (combinadas de arriba abajo para no perder el glamour), nos metimos en el coche y nos dirigimos "al infierno". Allí, un poco perdidas, nos situamos en la clase correspondiente y empezamos a imitar a la gente que se veía ya con un poco de experiencia en el tema. Por suerte no éramos las únicas novatas en el asunto, más de una empezó a compiarnos a nosotras, así que poco a poco nos fuimos equipando con los steps, colchonetas, pesas, mancuernas y demás trastos de los que más adelante desearía que no hubiesen inventado nunca.
Suena la música y comienza la clase sin apenas darnos cuenta. La gente ya brincaba de un lado para el otro y las más nuevas mirábamos sin saber qué hacer. Comenzamos a imitar al profesor, y cada vez que empezábamos a coger el ritmillo nos cambiaban de ejercicio y vuelta a empeza.
Uffff, comienza lo duro, sesiones de flexiones para empezar (lo que mejor se me da, vamos). Y uno...y dos... y tres... y Adara ya en el suelo. Y lo vuelvo a intentar: y cuatro... y cinco... y seis... Mi madre mira para mi y se empieza a reir de mala manera. "Adara no bajes y subas el culo, mueve todo el cuerpo" y Adara ya se rindió (las flexiones nunca fueron mi fuerte).
Seguimos con las pesas... aiiiiiii mi madre, que bien estaba yo con las flexiones. Poco a poco fui llevando mejor la cosa. Hasta que llegó el momento abdominales. ¡¡¡¡Que dolor!!!! pero bueno me sentí muy bien dándome cuenta de que era de las pocas de la clase que le daba seguido el ritmo al profesor, síntoma de que no estoy tan oxidada.
Más ejercicios... unos poquitos más... veeeeeeeeenga que ya sólo quedan cinco!!!!
Momento estiramientos (bien, todavía conservo mi elasticidad de cuando iba a gimnasia rítmica).
Acaba la clase, una duchita y para casa
Resultado... ufffffff ya me duele todo ahora no me quiero imaginar mañana. PERO VOLVERÉ
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